Los sucesos diarios me traen aquí, de nuevo, este blog que visito con poca frecuéncia pero normalmente aparece la típica persona que me hace recordar de su existencia y me entra el "mono" de escribir.
Necesito hablar y ver, plasmado en esta pantalla de ordenador, qué es la confianza.
Desde pequeño he imaginado que confiar en alguien es poder transmitir a esa persona hasta tus más ocultos secretos, las mayores tonterias, o cualquier cosa que se te venga en mente porque ella estará dispuesta a escucharte y te ayudará cuanto pueda. Pero creía que al nacer dicha confianza, llevaba consigo un "contrato" de respeto, una cláusula de promesas, irrompible; no por obligación, sino por amor.
Amor, otra palabra que viene consigo... amor amor... ¿que nos evoca esta palabra? Respeto, cariño, sentimiento, dar todo por la otra persona... ¿Cuando sabemos si hay verdadero amor o no? ¿Cómo podemos evitar vivir engañados por las personas de nuestro alrededor, que te hacen creer en una bonita fantasia idealizada que lo unico que coincide con la realidad es que tú existes?
¿Cómo el hombre puede protegerse de las puñaladas que le llegan hasta de las personas que crees que sólo desean lo mejor para ti?
Enterarse de repente de que vives engañado y que, por consiguiente, pierdes la total confianza que tenías depositada en esa persona, esa que tanto significa en tu vida y que para ti equivale a lo más grande que puedes tener; por quien ries, por quien amas, por quien lloras. Puñalada trapera repentina que llega en el momento menos pensado, y descubriendo poco a poco, que las mentiras no cesan y que siguen llegando.
¿Podemos recuperar la confianza ciega hacia alguna persona? Y si, en caso que esta confianza no logra recuperarse, ¿debemos cortar por completo toda vinculación hacia esa persona? ¿Vale la pena vivir con alguien, con el perpetuo sentimiento que no significas absolutamente nada para ella, y que probablemente lo que ha sucedido esta vez, puede estar repitiéndose ahora mismo?
Señores... yo ya no sé que pensar, que sentir... solo sé que la quiero, pero me quiero más a mi.
lunes, 18 de julio de 2011
martes, 31 de mayo de 2011
Decisiones
Como siempre, voy reapareciendo periódicamente en esta página, en este blog, en el que desahogo todas mis penas, opiniones o simples ganas de escribir al mundo lo que pasa por mi cabeza.
Mi último escrito se remonta a septiembre... ¿mucho tiempo verdad? Nada que contar, nada que decir, o probablemente sí, pero mi mente no me deja verlo claro.
Diré que es tiempo de tomar decisiones, de afrontar los problemas, de darte cuenta que la vida es corta y que se debe vivir al máximo, porque soy joven y mi mayor preocupación debería ser prepararme para un gran futuro, lástima que todo lo que me sucede actualmente, me hace estar atento a todo menos esto.
¿Vale la pena que nos “comamos el coco” ? ¿Vale la pena que cualquier cosa te lleve a sufrir, a estar mal, o ha pensar que nada tiene sentido? Es decir... ¿Vale la pena luchar por los demás? En mi humilde opinión y por mi experiencia, ya no sé qué pensar. Damos todo por los demás y no recibimos nada a cambio. Puede que sea una actitud egoísta, que tenemos que dar sin esperar recibir nada, pero en el fondo todos lo deseamos. Deseamos esa muestra, ese gesto simple y delicado que te dice: Sí, tú me importas.
Vivimos en una espiral problemática de tristeza y ruido en nuestro alrededor. Creo que llega el momento de despejar nuestros oídos al mundo, y hacer valer lo que somos y lo que importamos.
Ahora sí, ha llegado el momento. El momento en el que te impongas a la gente, el momento en que tú decidas que debes seguir adelante, que debes demostrar al mundo de qué pasta estas hecho, porque... si no te quieres tú, ¿quién te va a querer?
Mi último escrito se remonta a septiembre... ¿mucho tiempo verdad? Nada que contar, nada que decir, o probablemente sí, pero mi mente no me deja verlo claro.
Diré que es tiempo de tomar decisiones, de afrontar los problemas, de darte cuenta que la vida es corta y que se debe vivir al máximo, porque soy joven y mi mayor preocupación debería ser prepararme para un gran futuro, lástima que todo lo que me sucede actualmente, me hace estar atento a todo menos esto.
¿Vale la pena que nos “comamos el coco” ? ¿Vale la pena que cualquier cosa te lleve a sufrir, a estar mal, o ha pensar que nada tiene sentido? Es decir... ¿Vale la pena luchar por los demás? En mi humilde opinión y por mi experiencia, ya no sé qué pensar. Damos todo por los demás y no recibimos nada a cambio. Puede que sea una actitud egoísta, que tenemos que dar sin esperar recibir nada, pero en el fondo todos lo deseamos. Deseamos esa muestra, ese gesto simple y delicado que te dice: Sí, tú me importas.
Vivimos en una espiral problemática de tristeza y ruido en nuestro alrededor. Creo que llega el momento de despejar nuestros oídos al mundo, y hacer valer lo que somos y lo que importamos.
Ahora sí, ha llegado el momento. El momento en el que te impongas a la gente, el momento en que tú decidas que debes seguir adelante, que debes demostrar al mundo de qué pasta estas hecho, porque... si no te quieres tú, ¿quién te va a querer?
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